LIBRETO LITÚRGICO
APERTURA DEL JUBILEO GUADALUPANO

PRESIDE SU EMINENCIA
SERGIO GÓMEZ
ARZOBISPO PRIMADO DE MÉXICO

INSIGNE Y NACIONAL BASÍLICA DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE
XIV.VIII.MMXXVI

RITOS INICIALES

En el día elegido, a la hora marcada, los fieles se reúnen en una iglesia cercana o en otro lugar apropiado, fuera de la iglesia jubilar hacia la cual se dirigirán. Si la concentración está planeada para después del atardecer, se pueden utilizar antorchas o lámparas encendidas.

Los ministros usan ornamentos de color blanco. El Obispo lleva capa pluvial, que se quitará después de la procesión.

Mientras el Obispo y los ministros llegan a las sedes preparadas para ellos, se puede cantar el Himno del Jubileo u otro canto apropiado.

El obispo, vuelto al pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.

El Dios de la esperanza,  que en el Verbo hecho carne  nos llena de toda alegría y paz en la fe,  por el poder del Espíritu Santo, esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

A continuación, saluda al pueblo reunido:
Bendito el Padre: que, enviando su Verbo, lo ha hecho signo de esperanza y sacramento de redención para la humanidad.
℟.: Bendito el Señor, nuestra esperanza.

Bendito el Hijo: que, naciendo de la Virgen María, nos ha abierto la puerta de la esperanza a una vida nueva.
℟.: Bendito el Señor, nuestra esperanza.

Bendito el Espíritu Santo: que, manifestado en la Encarnación, nos ha hecho herederos por el Bautismo de la esperanza en la vida eterna.
℟.: Bendito el Señor, nuestra esperanza.

Después el obispo se dirige al pueblo con estas palabras:
Hermanos y hermanas, el misterio de amor con que Dios visitó a su pueblo en el Tepeyac, al hacerse presente por medio de Santa María de Guadalupe, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, es para nosotros fuente de profunda alegría y de certera esperanza.

En comunión con la Iglesia universal y en unidad con nuestro Arzobispo Primado de México, abrimos solemnemente en esta Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe el Año Jubilar Guadalupano.  

Este rito sagrado es para nosotros el preludio de una rica experiencia de gracia y misericordia. Aquí, donde la Virgen dejó su imagen y su palabra de consuelo a San Juan Diego, somos llamados a renovar nuestra fe, a reconciliarnos con Dios y entre nosotros, y a responder con valentía a quien nos pregunte por la esperanza que hay en nosotros, especialmente en estos tiempos de incertidumbre y dolor.

Que Santa María de Guadalupe, Estrella de la Evangelización y Madre de la Esperanza, nos acompañe como compañera de camino en este año de gracia. Que Cristo, nuestra paz y nuestra vida, sea el centro de este Jubileo.  

Y que el Espíritu Santo, que hoy comienza en nosotros esta obra, la lleve a término hasta el día de Jesucristo nuestro Señor.

Terminada la exhortación y tras un breve momento de silencio, el Obispo pronuncia la siguiente oración:
Oh Padre, esperanza que no decepciona, que en Santa María de Guadalupe nos diste signo de tu ternura y consuelo, bendice el inicio de este Año Jubilar Guadalupano en tu Iglesia de México. Sana las heridas de tu pueblo, rompe las cadenas del pecado y del odio,   y concédenos caminar como peregrinos bajo la mirada de nuestra Madre del Tepeyac. Que el Espíritu Santo nos sostenga, para que lleguemos a Cristo, meta y vida nuestra, que vive y reina por los siglos de los siglos.  

El pueblo aclama:
Amén.

EVANGELIO
(Jn 19, 25-27)
 
℣.:
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.
℟.: Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.:
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Cuando termina el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra del Señor.

El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor.

Al final de la lectura, el obispo pone incienso en el incensario y el diácono inicia la procesión con estas palabras:
Hermanos y hermanas, avancemos en nombre de Cristo: camino que conduce al Padre, verdad que nos hace libres, vida que ha vencido a la muerte.

A continuación comienza la peregrinación a la Basílica donde se celebra la misa. Precede el turiferario con el incensario humeante junto con la cruz adornada y los ministros con velas encendidas o antorchas a los lados de la cruz; después el diácono portando el evangeliario, a continuación, el Obispo y, tras él, los presbíteros, los demás ministros y los fieles con, si es el caso, antorchas o lámparas encendidas. Durante la peregrinación, el coro y el pueblo cantan las letanías de los santos.

APERTURA DE LA PUERTA SANTA 
Y EXALTACIÓN A LA SANTA CRUZ

Después de que todos hayan llegado y se hayan acomodado, el obispo, con mitra, se acerca a la Puerta Santa y, con las manos unidas, dice:
Esta es la puerta del Señor.
℟.: Por esta puerta entran los justos.

Ábranme las puertas de la Justicia.
℟.: Entraré para dar gracias al Señor.

Entonces el obispo recibe el báculo, golpea tres veces la Puerta Santa, deposita el báculo y la abre. A continuación, recibe nuevamente el báculo y, postrándose de rodillas, reza en silencio durante algunos momentos.

Después, se levanta y concluye:
Por tu gran misericordia entraré en tu casa, Señor. Ábranme las puertas de la Justicia.
℟.: Me postraré en dirección a tu templo santo.

Frente a la puerta abierta, el obispo toma la cruz que fue llevada en procesión (con la ayuda, si es necesario, de algunos ministros), la levanta y, de cara al pueblo, los invita a venerarla con la siguiente aclamación o con otra semejante:
Salve, cruz de Cristo, única esperanza.
℟.: En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.

BENDICIÓN Y ASPERSIÓN DEL EL AGUA

A continuación, el Obispo devuelve la cruz y, con los ministros, se dirige a la fuente bautismal, donde preside el rito del recuerdo del Bautismo, mientras los fieles se colocan en la nave frente a la fuente. El Obispo invita a la oración con estas o parecidas palabras:
Queridos hermanos y hermanas, invoquemos a Dios, Padre todopoderoso, para que bendiga esta agua, que va a ser derramada sobre nosotros en memoria de nuestro bautismo y pidámosle que nos renueve interiormente.

Todos oran unos instantes en silencio. Después el Obispo, con las manos extendidas, prosigue:
Dios todopoderoso, fuente y origen de la vida del alma y del cuerpo, bendice esta agua, que vamos a usar con fe para implorar el perdón de nuestros pecados y alcanzar la ayuda de tu gracia contra toda enfermedad y asechanza del enemigo. Concédenos, Señor, por tu misericordia, que las aguas vivas siempre broten salvadoras, para que podamos acercarnos a ti con el corazón limpio y evitemos todo peligro de alma y cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

El obispo se rocía a sí mismo, a los concelebrantes, a los ministros y al pueblo, atravesando la nave de la catedral precedido por el evangeliario y la cruz.

CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA 

 CANTO DE ENTRADA
(La Guadalupana)

Una vez reunido el pueblo, el Obispo se dirige al altar con los ministros durante el canto de entrada.

DESDE EL CIELO UNA HERMOSA MAÑANA,
DESDE EL CIELO UNA HERMOSA MAÑANA,
LA GUADALUPANA, LA GUADALUPANA,
LA GUADALUPANA BAJÓ AL TEPEYAC,

LA GUADALUPANA, LA GUADALUPANA,
LA GUADALUPANA BAJÓ AL TEPEYAC.

SUPLICANTE JUNTABA SUS MANOS,
SUPLICANTE JUNTABA SUS MANOS,
Y ERAN MEXICANOS, Y ERAN MEXICANOS,
Y ERAN MEXICANOS SU PORTE Y SU FAZ,

Y ERAN MEXICANOS, Y ERAN MEXICANOS,
Y ERAN MEXICANOS SU PORTE Y SU FAZ.

SU LLEGADA LLENÓ DE ALEGRÍA,
SU LLEGADA LLENÓ DE ALEGRÍA,
DE LUZ Y ARMONÍA, DE LUZ Y ARMONÍA,
DE LUZ Y ARMONÍA TODO EL ANÁHUAC,

DE LUZ Y ARMONÍA, DE LUZ Y ARMONÍA,
DE LUZ Y ARMONÍA TODO EL ANÁHUAC.

JUNTO AL MONTE PASABA JUAN DIEGO,
JUNTO AL MONTE PASABA JUAN DIEGO,
Y ACERCOSE LUEGO, Y ACERCOSE LUEGO,
Y ACERCOSE LUEGO AL OÍR CANTAR,

Y ACERCOSE LUEGO, Y ACERCOSE LUEGO,
Y ACERCOSE LUEGO AL OÍR CANTAR.

‘JUAN DIEGUITO’ -LA VIRGEN LE DIJO-.
‘JUAN DIEGUITO’ -LA VIRGEN LE DIJO-,
ESTE CERRO ELIJO, ESTE CERRO ELIJO,
ESTE CERRO ELIJO PARA HACER MI ALTAR’.

‘ESTE CERRO ELIJO, ESTE CERRO ELIJO,
ESTE CERRO ELIJO PARA HACER MI ALTAR’.

Y EN LA TILMA ENTRE ROSAS PINTADAS,
Y EN LA TILMA, ENTRE ROSAS PINTADAS,
SU IMAGEN AMADA, SU IMAGEN AMADA,
SU IMAGEN AMADA SE DIGNÓ DEJAR,

SU IMAGEN AMADA, SU IMAGEN AMADA,
SU IMAGEN AMADA SE DIGNÓ DEJAR.

DESDE ENTONCES PARA EL MEXICANO,
DESDE ENTONCES PAR EL MEXICANO,
SER GUADALUPANO, SER GUADALUPANO,
SER GUADALUPANO ES ALGO ESENCIAL,

SER GUADALUPANO, SER GUADALUPANO,
SER GUADALUPANO ES ALGO ESENCIAL.

Regresando a la sede y terminado el canto, el sacerdote, de pie, frente al pueblo, dice con las manos juntas: 
Que Dios Todopoderoso nos purifique de nuestros pecados y, mediante la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar de la mesa de su reino.
℟. Amén.

HIMNO DEL GLORIA

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, 
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS 
HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR. 

POR TU INMENSA GLORIA TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS, TE ADORAMOS, TE GLORIFICAMOS, TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR DIOS, REY CELESTIAL, DIOS PADRE TODOPODEROSO.

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, 
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS 
HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR. 

SEÑOR, HIJO ÚNICO, JESUCRISTO. SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS, HIJO DEL PADRE; TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS; TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, ATIENDE NUESTRA SÚPLICA; TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE, TEN PIEDAD DE NOSOTROS. 

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, 
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS 
HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR. 

PORQUE SÓLO TÚ ERES SANTO, SÓLO TÚ SEÑOR, SÓLO TÚ ALTÍSIMO, JESUCRISTO, CON EL ESPÍRITU SANTO EN LA GLORIA DE DIOS PADRE. AMÉN.

ORACIÓN COLECTA

Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios y Padre de misericordia, que has puesto a tu pueblo bajo la especial protección de la santísima Madre de tu Hijo, concede, a cuantos invocan a la Virgen de Guadalupe, procurar con fe diligente el progreso de los pueblos por el camino de la justicia y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:
Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Is 7, 10-14; 8, 10)
 
Lector: Lectura del libro del profeta Isaías.
En aquellos días, el Señor habló a Ajaz en estos términos: «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas.» Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor». 
Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la virgen está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel, que significa Dios está con nosotros».

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 66)

℟. Que te alaben, Señor, todos los pueblos.

Ten piedad de nosotros y bendícenos; 
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. 
Que conozca la tierra tu bondad 
y los pueblos tu obra salvadora. ℟.

Las naciones con júbilo te canten, 
porque juzgas al mundo con justicia; 
con equidad tú juzgas a los pueblos 
y riges en la tierra a las naciones. ℟.

Que te alaben, Señor, todos los pueblos, 
que los pueblos te aclamen todos juntos. 
Que nos bendiga Dios 
y que le rinda honor el mundo entero. ℟.

SEGUNDA LECTURA
(Ga 4, 4-7)
 
Lector: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas.
Hermanos: 
Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacemos hijos suyos.
Puesto que ya son ustedes hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: "¡Abbá!", es decir, ¡Padre! Así que ya no eres siervo, sino hijo; y siendo hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
 
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
 
MI ALMA GLORIFICA AL SEÑOR 
Y MI ESPÍRITU SE LLENA DE JÚBILO EN DIOS, MI SALVADOR.

ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.:
Amén.

Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
 
EVANGELIO
(Lc 1, 39-48)
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.:
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.:
Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.:
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor". 
Entonces dijo María: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava".

Cuando termina el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra del Señor.

El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor.

Luego lleva el libro al Obispo, que lo besa en silencio y bendice al pueblo.

HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono; Es obligatorio todos los domingos y días festivos y también recomendado el resto de días.

CREDO
(Símbolo de los Apóstoles)
 
Acabada la homilía, se hace la profesión de fe.
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL
 
Pongamos, hermanos, nuestros ojos en Jesús, que, para salvar al mundo, quiso nacer de santa María Virgen, y oremos por nuestra nación, por los pueblos de América Latina y por el bien de todos los hombres:
℟.:
En ti esperamos, Señor.

1. Por nuestra santa Iglesia, para que, como María, sea dócil para acoger la intervención de Dios en la historia y esté siempre dispuesta a adherirse al soplo del Espíritu Santo. Roguemos al Señor. ℟.

2. Por el Papa Benedicto, los obispos y los sacerdotes, para que siempre cuenten con la protección de la Santísima Virgen María de Guadalupe, especialmente cuando el ejercicio de su ministerio se vuelve difícil por las adversidades de la vida. Roguemos al Señor. ℟.

3. Por los países ensangrentados por la violencia y por regímenes dictatoriales, para que la Santísima Virgen María de Guadalupe suscite en los corazones de sus gobernantes iniciativas de diálogo y de protección y defensa de la paz y la justicia. Roguemos al Señor. ℟.

4. Por los que sufren y se sienten decaídos, para que La Santísima Virgen María, que sufrió crueles dolores al pie de la cruz, sea su consuelo y esperanza. Roguemos al Señor. ℟.

5. Por quienes ahora celebramos a Nuestra Señora de Guadalupe, para que nos sintamos orgullosos de nuestra cultura y defendamos nuestras costumbres y tradiciones cristianas. Roguemos al Señor. ℟.
 
Dios nuestro, que has querido que santa María de Guadalupe fuera ayuda y patrona de nuestros pueblos, escucha nuestras plegarias y has que, confiando en su ayuda poderosa, obtengamos los bienes quete hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

LITURGIA EUCARISTÍCA

PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(No solo el vino y el pan)
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

No sólo el vino y el pan, 
te venimos a ofrecer,
queremos darte algo más: 
Te entregamos nuestro ser.

Como lo hizo María 
que tu mensaje escuchó,
y dijo un sí generoso 
para aceptar tu misión.

Hoy quedan sobre este altar 
nuestras vidas, oh Señor. 
Haz que sepamos luchar 
para conservar tu amor. ℟.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio.
 
Y, si procede, inciensar las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
 
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Oremos, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso

El pueblo se levanta y responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Acepta, Señor, los dones que te presentamos
en la fiesta de nuestra Señora de Guadalupe, y te pedimos que este sacrificio nos dé la fuerza para cumplir tus mandamientos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El pueblo aclama:
Amén.

PREFACIO
(La Virgen María, signo materno del amor de Dios)
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Porque en tu inmensa bondad has querido que la Madre de tu Hijo, bajo el título de Guadalupe, fuera especial Madre nuestra, refugio y Señora, presencia viva en la historia de este pueblo tuyo.

Ella, mensajera de tu verdad y signo materno de tu amor, nos brindó compasión, auxilio y defensa, y hoy nos invita a reconciliarnos contigo y entre nosotros, y a proclamar el Evangelio de tu Hijo, para hacer que florezcan en nuestras tierras la fraternidad y la paz.

Por eso, con todos los ángeles y los santos, te alabamos, proclamando sin cesar:

SANTO
(Misa Señora y Niña mía)

SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO. LLENOS ESTÁN, EL CIELO Y LA TIERRA, DE TU GLORIA.

¡HOSANNA EN EL CIELO!

BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

¡HOSANNA EN EL CIELO!

PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO

El sacerdote, con las manos extendidas dice:
CP
Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, 
Con las manos extendidas, prosigue: 
ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa Benedicto, conmigo indigno siervo tuyo, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
 
Conmemoración de los vivos
C1
Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.] 
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar. 
Después, con las manos extendida, prosigue: 
y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a tí, eterno Dios, vivo y verdadero.

Conmemoración de los Santos
C2
Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Comelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. 
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Con las manos extendidas, prosigue:
CP
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
CC
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor. 

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
El cual, la víspera de su Pasión, 
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan en sus santas y venerables manos, 
Eleva los ojos. 
y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego, el sacerdote dice:
CP
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
℟.: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC 
Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloría y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación. 

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquísedec.

Inclinado, con las manos juntas, prosigue: 
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Angel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, 
Se endereza y se signa, diciendo: 
seamos colmados de gracia y bendición. 
junta las manos. 
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]  

Conmemoración de los difuntos
Con las manos extendidas, dice: 
C3
Acuérdate también, Señor, de tus hijos [N. y N.], que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. 
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
Después, con las manos extendidas, prosigue: 
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. 
Junta las manos. 
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo: 
C4
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, 
Con las manos extendidas, prosigue: 
que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. 
Junta las manos.
CP
Por Cristo, Señor nuestro.

Y continúa: 
Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.  
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
CP O CC
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.:
Amén.

RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:

Junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.

CORDERO DE DIOS
(Misa Señora y Niña mía)

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS,


CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
DANOS LA PAZ.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

COMUNIÓN
(Salve Madre en tierra de mis amores)
 
Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.:
Amén.
 
Si se comulga bajo las dos especies, se observa el rito descrito en el misal de altar. Cuando el sacerdote comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.

SALVE, MADRE,
EN LA TIERRA DE MIS AMORES
TE SALUDAN LOS CANTOS
QUE ALZA EL AMOR.
REINA DE NUESTRAS ALMAS,
FLOR DE LAS FLORES,
MUESTRA AQUÍ
DE TU GLORIA LOS RESPLANDORES,
QUE EN EL CIELO TAN SÓLO
TE AMAN MEJOR.

VIRGEN SANTA, VIRGEN PURA,
VIDA, ESPERANZA Y DULZURA
DEL ALMA QUE EN TI CONFÍA,
MADRE DE DIOS, MADRE MÍA,
MIENTRAS MI VIDA ALENTARE,
TODO MI AMOR PARA TI,
MAS SI MI AMOR TE OLVIDARE,
MADRE MÍA, MADRE MÍA,
AUNQUE MI AMOR TE OLVIDARE
TÚ NO TE OLVIDES DE MÍ.

Si es oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Padre, que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
recibidos en este sacramento nos ayuden a reconocernos y amarnos como verdaderos hermanos, por la intercesión de nuestra santísima Madre de Guadalupe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

El pueblo aclama:
Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

BENDICIÓN FINAL

El celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.

Todos responde:
Y con tu espíritu.

Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre , Hijo , y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Todos responde:
Amén.

Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza, podemos ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.

CANTO DE SALIDA
(Himno Guadalupano)

Mexicanos volad presurosos
Del pendón de la Virgen en Pos
Y en la lucha saldréis victoriosos
Defendiendo a la Patria y a Dios.

De la Santa montaña en la cumbre
Pareció como un astro María
Ahuyentando con plácida lumbre
Las tinieblas de la idolatría. ℟.

De la Santa montaña en la cumbre
Pareció como un astro María
Ahuyentando con plácida lumbre
Las tinieblas de la idolatría. ℟.

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